Viaje

Martinica

Nuestro próximo destino sería Martinique. Ya lo habíamos decidido antes de partir de Grenade. Aunque nuestra idea era llegar lo antes posible, debido a nuestra falta de costumbre de navegar no lo haríamos del tirón sino que iríamos haciendo paradas cortas con el único fin de descansar y hacer la travesía mas amena.

La primera parada fue la bahía de Halifax, en la misma isla de Grenada, único refugio posible en esta costa. El lugar era hermoso, típico paisaje caribeño, una playa con un fondo verde de espesa vegetación. Sin embargo, enseguida percibimos un extraño olor a basura quemada. Detrás de la colina se encuentra un vertedero que emanaba humos constantemente. Ese olor me provocó un dolor de cabeza y unas nauseas que me duraron bastante tiempo.

Tras dejar atrás Grenade nuestros siguientes fondeos fueron: Union Island, Cariacou, St. Vincent y Sta. Lucía. A penas estuvimos unas horas en cada parada, explorar estas islas queda pendiente para la próxima época de huracanes, cuando iniciemos el descenso desde Martinique.

Llegamos a nuestro destino el 20 de Noviembre, habíamos tardado unos 10 días. Y no pudo ser de otra manera porque yo desde que deje Grenade no había dejado de vomitar y lo que había achacado al olor a basura (nauseas y dolor de cabeza) al final resultó que eran síntomas que confirmaban nuestra sospecha de que estaba embarazada.

A pesar de mi estado débil pues no había sido capaz de comer mucho durante esos días, me alegré bastante de llegar, ya que nuestros amigos Kane se encontraban allí y de celebración, era el 13º cumpleaños de Seamus. Este reencuentro con amigos me reanimó lo suficiente para disfrutar tanto de la comida como de la compañía.

La bahía donde fondeamos se llama St. Anne, ya nos habían comentado que íbamos a encontrar muchas embarcaciones y efectivamente fue así. Pudimos reconocer muchos barcos con los que habíamos coincidido anteriormente. Al parecer, Martinica es una parada casi obligatoria para las embarcaciones que llegan al Caribe. Muchos aprovechan las infraestructuras de una isla europea para realizar alguna reparación y para abastecerse de comida. Al ser suelo francés os podéis imaginar la cantidad de veleros con esta nacionalidad que paran aquí. Sabemos que los franceses son navegantes, no obstante hasta nuestra llegada aquí no habíamos visto tanta bandera roja, azul y blanca.

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La primera semana nos la tomamos de descanso y toma de contacto. Disfrutamos de la playa y muchos baños.

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Pero después de estos días era hora al menos de confirmar oficialmente mi estado de gracia. Preguntando llegamos hasta una consulta ginecológica donde me atendieron y desde donde me derivaron a otra clínica para confirmar mi embarazo. En esta segunda consulta me hicieron una ecografía que confirmaba el embarazo de 8 semanas. En Ambas consultas tuve que desembolsar 30 euros y esto no acababa más que comenzar, así que me informé para solicitar la “carte vitale” y alguna ayuda hasta que nuestra situación fuese más estable. Conseguimos localizar ambas oficinas y una lista de requisitos también. Otra gestión que iniciamos fue la de buscar una asociación de la que nos habían hablado (C.C.A.S) que facilita a gente como nosotros una dirección en tierra, necesaria en nuestro caso para poder comenzar con los trámites del pasaporte de Adrián. Uno de los pasos a seguir para el trámite es ser residente en la isla y disponer de una dirección. Sin darnos cuenta, de repente, nos vimos después de mucho tiempo, envueltos nuevamente en la tediosa burocracia, aunque en esta ocasión era necesario. Hasta este entonces nos habíamos dedicado a dejarnos llevar, disfrutar de los paisajes y de la riqueza de la naturaleza, pero Martinica nos devolvía al mundo occidental con todo lo que ello implica.

Una vez confirmado mi embarazo y comunicado a nuestras familias, decidimos disfrutar de las navidades aparcando los trámites para después. Queríamos aprovechar la circunstancia de que mucho de nuestros conocidos permanecerían por estas fechas en la isla y compartirlas con ellos. La mayoría de embarcaciones proseguirían hacia el norte pasada las navidades. Todo este tiempo permanecimos en St. Anne y cuando necesitábamos hacer compras o visitar al doctor nos movíamos con el dingui hasta Le Marin (una bahía contigua).

Las navidades no son fechas que me entusiasmen realmente, creo que ya lo he comentado en alguna ocasión pero éstas fueron realmente diferentes, resulto ser una excusa para realizar encuentros multitudinarios en la playa con gente de muchas nacionalidades, aunque la mayoría angloparlantes. Estos encuentros se avisaban por el canal 68 y todos los barcos fondeados en la bahía que querían participar, se acercaban con un plato de comida. En la playa de Caritanne hay mesas preparadas para hacer picnic, lo cual nos venía genial para organizar lo que al final se transformaba en un gran bufe. Así celebramos tanto el 24 como el 31, disfrutando durante todo el día de la playa, de la comida y haciendo amistades nuevas.

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Respecto a Julia, este año nos adaptamos a lo que se celebra aquí que es por supuesto Papa Noel, así que la noche del 24 Julia recibió un pequeño regalo. Y en noche vieja tras finalizar en la playa de Caritanne, nos acercamos a la plaza del pueblo de Sta. Anne a reunirnos con unos españoles que habíamos conocido en Le Marin, una familia con 4 hijos que estaban haciendo la temporada aquí. Compramos uvas y con el móvil e Internet sintonizamos con televisión española y partimos el año con todos los españoles.

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Además, hubo muchas comidas en barcos y mucha vida social en general. Fueron unos días muy divertidos y lo que más me gusto es que todo fue sencillo y fluido sin grandes lujos ni complicaciones.

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El día tres de Enero terminaron las fiestas para nosotros, muchos barcos ya empezaban a moverse hacia las islas del norte y nosotros pensamos en movernos a Le Marin porque además de tener que resolver las gestiones antes mencionadas, era hora de que Adrián buscase algún trabajo. Antes de marcharnos de St. Anne, aprovechamos que nuestros amigos franceses de Parci Parla se encontraban aún en la isla para que ayudasen a Adrián a contactar con el consulado italiano y pedir cita, a la cual le acompañó nuestro amigo Phillipe.

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Los cónsules honorarios son ciudadanos franceses que voluntariamente desempeñan funciones de cónsul honorario en sus lugares de trabajo habitual, en este caso el consulado italiano se encuentra dentro de un centro comercial, concretamente en un kiosko de lotería.

Nataly, de Parci Parla también me ayudó mucho con los trámites de la “Carte vitale” y la ayuda del CAF, gracias a ella pudimos presentar todo lo que nos pedían. Ya solo quedaba esperar a que nos respondieran vía postal. Esta familia es de las que quisiera mantener el contacto siempre. Son unas bellísimas personas y unos referentes en muchos aspectos. Son gente que sin querer no dejan de aportarte cosas maravillosas, que hacen que cualquier reto sea fácil y que disfrutan de la vida de una manera sana y ligera. Los quiero mucho….y de gente así cuesta despedirse.

Habíamos decidido Adrián y yo que íbamos a intentar matricular a Julia en el colegio de Le Marín, con la única intención de que aprendiese el idioma pronto y pudiese desenvolverse mejor con los niños, vemos que el idioma es para ella una barrera. En un principio Julia estaba de acuerdo. A pesar de que el horario del cole es partido, ella solo iría de mañana. El día que empezó me sorprendió lo decidida que entró, yo sin embargo estaba muy nerviosa porque se que es una niña introvertida y no esta habituada a un colegio reglado. Cuando la recogí, se echó a llorar al verme y había decidido no volver más. Hicimos varios intentos, incluso pedí que me dejaran entrar con ella hasta el aula, me permitieron estar una hora para ver si ella se acostumbraba pero no hubo manera y no quisimos forzarla. Otra razón por la que no insistimos fue que habíamos planeado viajar a España a visitar a la familia antes de que el embarazo avanzase demasiado. La idea es que nuestro bebe nazca aquí. Y pasaría mucho tiempo sin ir, si no lo hacíamos en esta ocasión, aprovechando que yo por fin ya me encontraba bien (después de las 12 semanas desaparecieron los vómitos y las nauseas) y que Adrián pasaría mucho tiempo trabajando.

Una vez en Le Marin, Adrián no tardó mucho en encontrar trabajo. Empezó a trabajar en un taller de soldadura, en un principio dos días a la semana pero enseguida amplió a toda la semana. Fue entonces cuando yo me vi en la situación de empezar a usar el dingui, asignatura pendiente aún. De no hacerlo, me veía encerrada en el barco con Julia, dependiendo de los horarios de Adrián, los cuales eran inciertos, para poder salir a tierra.

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Así que me armé de valor y poco a poco con la ayuda de mi hija me voy soltando. Esta bahía es muy grande, hay mucho tráfico de embarcaciones, a veces sopla el viento y el motor con tanta lluvia falla. Así que me he visto en situaciones adversas de las que he tenido que salir para adelante. Éstas, supongo serán las que me den la confianza suficiente para llegar a ser una mujer autónoma (aún estoy en ello).

Como veis ahora nuestra vida tiene otro matiz. Volvemos a tener un lugar de residencia y con ello una rutina diferente. Tiene sus ventajas, en este caso es una oportunidad para hacer algo de dinero, aprender una nueva lengua, que Julia haga un grupo de referencia… Salvando los obstáculos burocráticos que están por resolver, es un lugar idóneo para preparar con tiempo la llegada de nuestr@ bebe, ello implica hacer espacio en el barco y alguna que otra modificación en él. Por lo pronto todo está planeado para nuestra vuelta de España.

Finalmente viajamos desde el 2 de Febrero hasta el 16 de Marzo. Hasta la vuelta!!!!

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