Viaje

Grenada, Caribe

Me ha costado cuatro meses sentarme nuevamente delante del ordenador. No es que se me haya olvidado escribir, pero después de tanto tiempo sin hacerlo ha hecho que pierda el hilo de la historia. Sin embargo intentaré cogerlo rápidamente. Como ya os adelanté en el Facebook la razón por la que me he ausentado este tiempo es que me he quedado embarazada. Y la verdad es que durante los tres primeros meses lo único que me pedía el cuerpo era descansar, he tenido muchas náuseas y vómitos y a penas si he tenido fuerzas. Finalizado el primer trimestre vuelvo a encontrarme en forma, así que sin más preámbulos retomo el viaje por donde lo dejé.

El 26 de Octubre dejamos Trinidad rumbo a Granada, el Caribe.

Estimamos 24 horas de travesía por lo que decidimos partir temprano y llegar así con luz. Sobre las 9:30 de la mañana dejábamos atrás la bahía de Monos. Las condiciones del viaje eran perfectas, buen viento, buena velocidad. Ésta sería nuestra segunda navegación nocturna, mi intención era compartir las guardias con Adrián y empezar así a tomar parte en el asunto de la navegación. Me pedí hacer la primera guardia, que comenzó después de que Julia se quedase dormida sobre las 20:00. Como novata en esto de hacer guardias, pensé que para mí sería más cómodo hacer todas las horas seguidas evitando tener que despertarme en medio de la noche. Adrián se recostó en la bañera sin quedarse profundamente dormido. Lo único que tenía que hacer era mantener el rumbo y ojear el horizonte descartando que hubiera otras embarcaciones en nuestro camino. Sobre las 24:00 no puedo más y me retiro de mi puesto dejando a Adrián solo. La manera de proceder de Adrián cuando hace guardias es ponerse el despertador cada 15´ y echar un vistazo, sino ve nada, vuelve a dormir. Sobre las 4 de la madrugada me despierta diciendo que ya ve tierra, me pide que salga porque a él, del cansancio, se le cierran los ojos. Estando tan cerca de tierra y aún siendo noche, hay que estar muy atentos. Fondeamos en Hog Island una pequeña bahía con algunos veleros y una playita con un pequeño bar local.

En Granada estuvimos solo 15 días en total, pero muy intensos.

Nuestro barco no se movió durante ese tiempo. Desde Hog Island nos desplazábamos, en nuestro dingui (el bote auxiliar), a otras dos bahías que se encuentran una a continuación de la otra. Dependiendo de cual fuera el planing del día íbamos a una u otra. (Prikly Bay, Secret Harbour y Hog Island). Entre estas tres bahías se aglomeran muchísimos barcos y muchos de ellos con niños. Nos sorprendió bastante, la organización que había entre cruceristas. Los padres y madres usaban la net (programa de radio) para programar actividades para los niños y la verdad es que había un gran oferta de ellas.

Prikly Bay, es la más grande de las tres bahías. Tiene una marina y otros servicios (tiendas, aduana, restaurantes….). Allí es donde acudimos para celebrar Halloween. Julia estaba muy emocionada, era la primera vez que celebraba esta fiesta. Todos los niños disfrazados se reunieron en el dingui doc (muelle para los botes) y luego se repartieron entre los botes pilotados por los padres. La misión era buscar los barcos con globos naranjas, éstos eran los que repartían caramelos. Al cabo de una hora Julia regresó a tierra muy emocionada y con una bolsa llena de chuches.

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En Secret Harbour, lo único que hay es una marina. En sus instalaciones todos los sábados tenía lugar alguna actividad para los niños. Durante nuestra estancia estaban preparando una obra de teatro. Julia no quiso participar pero sí fuimos testigos de los ensayos y estreno. También acudíamos a esta marina los domingos que dejaban libre acceso a la piscina y preparaban una barbacoa para quien quisiera comer allí. Disfrutamos mucho de los baños, tanto en la piscina como en sus duchas con agua calentita, después de tanto tiempo bañándome con agua fría fue todo un placer. Todo el tiempo siempre estuvimos en compañía de mucha gente.

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En Hog Island lo que hicimos fue disfrutar mucho de la playita, donde Julia conoció y se hizo muy amiga de una niña Americana de su edad llamada Riley. Fue muy agradable conocer a su familia. Una pareja joven con dos hijas. Procedían de Nueva York, eran músicos y tuvimos el placer de escucharlos en el pequeño bar de la playa acompañados por un espectáculo de fuego realizado por una familia francesa vecinos de fondeo.

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Fue en esta bahía donde también conocimos al primer español de nuestro viaje, Carlos un joven vasco que lleva tres años por estos mares del Caribe.

Lo único que hicimos aparte de sociabilizar fue visitar la capital Saint George, donde acudimos para realizar una compra en el mercado.

En medio de esta nueva etapa con tanta vida social y tantos eventos yo empecé a encontrarme regular y empezamos a sospechar mi nuevo estado. Ésta fue una razón más para acelerar nuestra marcha a Martinica a pesar de encontrarnos muy a gusto en esta isla. No podíamos alargar mucho la estancia, no habíamos hecho entrada debido a que el pasaporte de Adrián estaba a punto de caducar (muchos países te piden 6 meses de vigencia como mínimo). Hasta nuestra llegada a Martinica, isla europea, todas nuestras paradas serían breves y clandestinas.

Lo que si nos quedó claro después de esta experiencia fue que pasaremos gran parte de la próxima época de huracanes en Grenada, Caribe.

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