Viaje

Crown Point

Store Bay es el lugar donde nos encontramos fondeados, es la playa o la bahía de Crown Point, un pueblo turístico cerca del aeropuerto internacional de Tobago.

No es que sea éste el fondeo más hermoso de la isla, sin embargo aquí llevamos tres semanas. Llegamos el día 21 de abril para despedir a mi hermano, quien continuaba su viaje por otras islas del Caribe y aquí seguimos. Es lo que sucede cuando no hay planes concretos y es fácil dejarse llevar.

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No estamos solos, en este tiempo han pasado muchos veleros, unos están pocos días y otros al igual que nosotros permanecen por periodos más largos. Muchos de los barcos que paran aquí, lo hacen antes de seguir para Trinidad donde suelen dejar los barcos en una marina, son aquellos que vuelven a sus países en la época de huracanes. Las marinas de Trinidad son conocidas por ser bastante seguras.

Los que (a estas alturas) permanecemos aquí, es porque pensamos quedarnos por el Caribe, navegando entre las islas donde las probabilidades de recibir huracanes son mínimas (Trinidad & Tobago y Granada), al menos es lo que pensamos hacer nosotros. Siempre hay algún aventurero que desafía la metereología. Hemos conocido a algunos de los compañeros de fondeo, gente muy diferente entre sí con miras y destinos variados. Entre ellos, dos noruegos jóvenes que pensaban dar la vuelta al mundo, una pareja brasileña que tienen en mente navegar hasta Europa… en fin, que cuando permaneces tiempo en un lugar como este, surgen muchas historias.

Durante todo este tiempo además de disfrutar, hemos aprovechado para hacer trabajos en el Voyage. Después de tres semanas de placer tocaba disminuir la lista de cosas pendientes del barco. Lista que no acaba, porque cuando se arregla algo se estropea otra. Lo primero era secar y limpiar determinadas zonas del barco que estaban mojadas desde la travesía y todo lo que en ella se guardaba estaba envuelto en sal.

Hemos ordenado nuestro equipaje, reordenado otros espacios para tener más accesible las cosas de más uso. Mientras lo hacíamos reconocíamos que el tema de llenar el barco en Lanzarote se hizo de forma precipitada por falta de tiempo. Ubicar todo dentro del velero es un trabajo que hay que hacer a conciencia y lleva mucho tiempo. Resulta más fácil cuando ya vives dentro del barco, ahora vemos las necesidades reales.

Otro ítem tachado de la lista, es la colocación del eólico, lo que ha supuesto un motivo de alegría para ambos porque a parte de estar instalado es un bulto menos que guardar.

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Cada día trabajamos unas horas y el resto lo disfrutamos con Julia en la playa. Esto es posible porque nos levantamos a las 6 de la mañana con lo cual a medio día ya ha cundido el trabajo y paramos para comer, a veces hay que continuar un poco más en la tarde, pero normalmente tenemos la tarde para disfrutarla.

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Otros de los trabajos realizados por Adrián, ha sido cambiar el regulador de voltaje de las placas y la razón es que tuve un accidente de esos que no puede cometerse en un barco. Después de terminar de lavar la ropa en la bañera, iba a tirar el agua sobrante por la borda y no se como se me resbala el asa del cubo cayendo todo el agua dentro, justo encima del regulador. La cara de Adrián me transmitió la gravedad de lo sucedido, la electrónica en le barco es algo delicado y desde luego incompatible con el agua. Sin el regulador no se cargarían las baterías y no podríamos seguir usando los dispositivos que tenemos (horno, batidora, teléfonos, ordenador…). Después del shock, intentamos secar el aparato, pero no volvió a funcionar. Barajamos varias posibilidades, pero Adrián optó por utilizar el regulador que tenía el eólico (pendiente de conectar) para las placas, renunciando así a disponer aún de la energía eólica.

Ha construido un soporte para el motor fuera borda porque el anterior fue arrancado por una ola. Esto y un largo etcétera, son muchos los detalles. Yo, me he encargado de poner las mosquiteras y de darle nuestro toque personal al interior, entre otras cosas.

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Store Bay es un lugar, a diferencia de Mt Irvine, muy animado. En frente nuestra tenemos dos playas, ambas separadas por un hotel. La playa de la izquierda más tranquila, es frecuentada por locales y tan solo tiene un bar en el que no hay mucho movimiento.

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Sin embargo la playa de la derecha es mucho más marchosa. Tiene unas instalaciones que ellos llaman “Beach Facilities”; duchas, bares, mercadillo de artesanía, kioskos de comida, helado, etc. Siempre parece fin de semana. Mucha gente y mucha música. Es en esta parte de la bahía de donde parten las excursiones a los arrecifes que tenemos al lado (Pigeon point, Bon accord lagoon), éstas se hacen en unas embarcaciones muy sencillas de madera pintadas de forma llamativa, equipadas con tremendos equipos de sonido. Cada vez que pasa una cerca, Julia sale para ver de que color es. Nosotros hemos visitado sólo la primera de esas playas, en nuestro botecito.

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Además de la gente, las excursiones, se alquilan motos acuáticas. Durante los fines de semana hay horas en las que la fiesta es tremenda.

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A Julia le gusta mucho ir a la playa con más ambiente, ella dice que es porque hay más gente, prefiere que haya otros niños, aunque todavía no se atreve a interactuar con ellos por causa del idioma, barrera que espero desaparezca en un tiempo.

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Store bay tiene su encanto aunque no sea un lugar tranquilo.

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Todos los días nos acercamos a alguna de las playas, y debe ser eso, el sol y los baños que nos está abriendo el apetito. Al llevar tiempo en el mismo fondeo tenemos un ritmo diario y a la cocina le dedicamos gran parte del día, no solo porque tenemos hambre a todas horas sino que al tener tanta fruta recolectada, comida perecedera y no tener nevera, hemos tenido que echar mano del ingenio para consumirla antes de que se nos echase a perder.

Plátanos, hemos comido de todas las formas que se nos ha ocurrido; fritos, asados, como ingrediente en las lentejas, pan de plátano, bizcochos, mermelada y escachados con gofio.

Al coco también le hemos sacado partido, hasta hemos conseguido hacer leche con él.

A parte de eso, nos damos el gusto de experimentar en la cocina mezclando ingredientes locales con las latas de conserva que trajimos y aún duran desde la travesía.

Las compras solemos hacerlas en la capital. Los días que nos aventuramos a la ciudad son una odisea. A veces tardamos un par de horas en llegar, no porque el trayecto sea largo (20’) sino porque el transporte público pasa cuando le parece. Los precios son más caros que en Lanzarote, así que sustituimos algunos productos que solíamos consumir y optamos por probar cosas nuevas.

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Así nos va en Store Bay; un poquito de trabajo, mucha comida y mucho sol. A pesar de estar a gusto, estamos pensando en movernos. Antes nos gustaría visitar los arrecifes que tenemos pendientes. Por lo que no puedo decir cuando daremos el paso además estamos dispuestos a alterar nuestros planes con el sentir de cada día.

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1 comment

  1. Hola familia viajera!!!! Que bueno leer vuestras aventuras!!!!
    Os echamos mucho de menos, los niños del perenken cuando se les pregunta quien falta hoy dicen ” julia” je je. … seguimos vuestros pasitos…. besos! !!!

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